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Rusofobia: como se crea un nuevo prejuicio

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septiembre 17, 2013 por matteoricciugatti

Hace poco estuve de viaje a Tenerife. Me sorprendió la cantidad de turistas rusos que animaban los lugares más populares de la isla. La afluencia de visitantes del grande país euroasiático fue de 140.000 en 2012, con un incremento del 25% respecto al 2011 y ya en los primeros siete meses del 2013 el incremento ha sido mayor: 33% frente al mismo periodo del año pasado.

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Lo que no había previsto en mi viaje es que muy lentamente ha estado surgiendo dentro de mí una sensación corrosiva, antipática, una pequeña, pero clara, emoción de fastidio. Mis expectativas sobre el viaje, ampliamente satisfechas, eran de espacios abiertos, tan físicamente, cuanto socialmente. Quería disfrutar de un nuevo contexto, que tiene características del Sur de Europa, pero conserva su identidad peculiar, de gente maja, acogedora, de una región donde sentirme en parte Italiano y en parte Español, yo que no encuentro mi identidad nacional como Italiano que vive en España desde hace tres años y medio.

¿Cómo afectaba mi experiencia la presencia fuerte y ruidosa de estas familias con tratos físicos muy poco mediterráneos, de este idioma tan duro, de estas tradiciones que no tienen nada a que ver con el calor humano de mi parte del mundo?

Me he sentido invadido. Y primariamente como persona homosexual. En estos últimos meses todas y todos hemos leído terribles noticias de violencia homo-transfóbica en Rusia. Como activista, como persona, las he interiorizado, y de repente este miedo, este instinto de afirmar mi libertad me salió en un contexto donde yo quería reconocerme en pleno con mi identidad. Los turistas “extranjeros” (y con esto entiendo no europeos del Sur) estaban muy bien, pero los “Rusos homofóbicos”, no. Y todo esto lo he vivido, con la conciencia racional que no conocía a cada una de las personas que yo encontraba en Tenerife.

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Me he parado a reflexionar, a racionalizar, he compartido esta sensación negativa con mi novio. La he contado a mis compañerxs de Orbita Diversa. Y finalmente la he reconocido: es el prejuicio, bruto y extenuante.

Un prejuicio que nace en mí por miedo, un miedo real que siento pensando en la comunidad LGTB rusa, un miedo que surge cuando veo imágenes de homofobia en el mundo. Y reconozco que el miedo genera otro miedo. Que el prejuicio homofóbico y sexofóbico de Putin y de las instituciones rusas ha creado otro prejuicio cultural y racista.

En otras palabras he vivido sobre mi piel – sin poderlo controlar – como he creado una nueva discriminación cultural, la “rusofobia”, para luchar contra los prejuicios afectivo-sexuales de los cuales soy víctima. Caminaba por las calles y, encontrando una joven mujer pensaba en las frases de la atleta Yelena Isinbáyeva, “en mi país, las chicas van con los chicos y los chicos con las chicas”, y en aquel entonces apretaba más fuerte la mano de mi novio, sin saber nada de lo que pensaba la chica con la que me había cruzado por el camino.

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Y tristemente me he dado cuenta de como mi inconciente de activista gay haya buscado sus defensas dentro de otro ámbito que no es lo donde me muevo con más facilidad, no he demonizado los heteros o los hombres mayores, he utilizado una categoría cultural para afirmar mi identidad sexual. Pero ahora estaré aún más atento cuando algunos potentes del mundo utilizarán mi identidad sexual para atacar otras culturas y afirmar la propia.

Con más triste conciencia, sigo soñando con vivir en un pueblo ideal, ojalá fuera un pequeño burgo marinero de Tenerife, donde personas de todas las nacionalidades y todas las orientaciones sexuales puedan conocerse de verdad y convivir.

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Versión en Italiano

Russofobia: come si crea un nuovo pregiudizio

Sono stato da poco in viaggio a Tenerife, la maggiore delle Isole Canarie. Sono rimasto sorpreso dalla quantità di turisti russi che riempivano i luoghi più popolari dell’isola. Effettivamente l’affluenza di visitatori provenienti dal grande paese euro-asiatico sta aumentando a dismisura: nei soli primi sette mesi del 2013 c’è stato un incremento del 33% rispetto allo stesso periodo dell’anno scorso.

Quello che non avevo previsto, però, nella mia vacanza, era che lentamente si stava insinuando dentro di me una sensazione corrosiva, un po’ antipatica, una piccola ma chiara emozione di fastidio. Le mie aspettative su quel viaggio, in verità ampiamente soddisfatte, erano di spazi aperti, tanto fisicamente, quanto socialmente. Avrei voluto godere di un nuovo contesto, che possiede caratteristiche del Sud dell’Europa, però conserva anche una sua prerogativa unica, di gente simpatica, accogliente, di una regione nella quale sentirmi in parte italiano e in parte spagnolo, io che non ho ancora trovato il mio giusto equilibrio nazionale, dato che sono un italiano che vive in Spagna da tre anni e mezzo.

E allora, come poteva influire sulla mia esperienza personale questa presenza forte e rumorosa di famiglie con lineamenti così poco mediterranei, di questa lingua dura, di queste tradizioni che non hanno niente a che vedere con il calore umano della “mia” parte del mondo?

Mi sono sentito invaso. E prima di tutto come persona omosessuale. In questi ultimi mesi tutte e tutti abbiamo letto terribili notizie di violenza omo-transfobica in Russia. Come attivista, come persona, le ho interiorizzate, e improvvisamente questa paura, questo istinto di affermare la mia libertà è uscito allo scoperto, in un contesto dove io volevo riconoscermi a pieno con la mia identità. I turisti “stranieri” (e con questa parola intendo “non europei meridionali”) potevano andar bene, ma i “russi omofobi” no. E tutto ciò l’ho vissuto con la consapevolezza razionale che io non conoscevo ciascuna delle persone che incontravo a Tenerife.

Mi sono fermato a riflettere, a razionalizzare, ho condiviso questa sensazione negativa con il mio fidanzato. L’ho raccontata ai miei compagni e compagne di Orbita Diversa. E alla fine l’ho riconosciuta: è il pregiudizio, brutale ed estenuante.

Un pregiudizio che nasce in me per paura, una paura reale che sento ogni qual volta che penso alla comunità LGBT russa, una paura che sorge quando vedo le immagini di omofobia nel mondo. E riconosco che la paura genera altra paura. Che il pregiudizio omofobico e sessuofobico di Putin e delle istituzioni russe ha creato un altro nuovo pregiudizio culturale e xenofobo.

In altre parole ho vissuto sulla mia pelle – senza averne il controllo – come può nascere una nuova discriminazione culturale, la “russofobia”, per lottare contro i pregiudizi affettivo-sessuali dei quali sono vittima. Camminavo per strada e, incontrando una giovane donna pensavo alle frasi dell’atleta Yelena Isinbáyeva, “nel mio paese, le ragazze vanno con i ragazzi e i ragazzi vanno con le ragazze “, e in quel momento stringevo più forte la mano del mio fidanzato, senza conoscere per niente quello che realmente pensava la ragazza con cui avevo incrociato il mio cammino.

E tristemente mi sono reso conto di come il mio inconscio di attivista gay stesse cercando le sue difese in un altro ambito, che non è quello nel quale mi muovo con più facilità: non ho demonizzato gli etero o gli uomini anziani, ho utilizzato una categoria culturale per affermare la mia identità sessuale. Se non altro adesso sarò ancora più attento quando qualche potente del mondo utilizzerà la mia identità sessuale per attaccare altre culture e affermare la propria visione economica e sociale.

Con una più amara coscienza, continuo a sognare di vivere in un villaggio ideale, magari fosse un piccolo borgo marinaro di Tenerife!, dove le persone di tutte le nazionalità e di tutti gli orientamenti sessuali possano conoscersi davvero e convivere.

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3 pensamientos en “Rusofobia: como se crea un nuevo prejuicio

  1. Carmen dice:

    Conozco ese sentimiento: es el mismo prejuicio xenófobo que nace en mí cuando cruzo mi camino con un hombre árabe, cualquiera, cuya presencia y etnia no me molesta en absoluto, hasta que me doy cuenta de que él está pensando de mí que soy una desvergonzada y una inmoral por tener la osadía de ir enseñando mi pelo o mis brazos…

    • matteoriccimad dice:

      Gracias Carmen por tu comentario. Creo que es gracias a la responsabilidad que cada persona tiene de reconocer sus limites y prejuicios – como has hecho tu – que podemos juntxs cambiar las cosas.

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