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Las Mujeres y el Profeta Muhammad

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marzo 2, 2015 por orbdiv

Artículo de Houda Louassini, hispanista, traductora y periodista. Tecla y voz orbitante marroquí.

El Profeta Muhammad es el personaje histórico más injustamente vilipendiado por los occidentales. Partiendo de los valores éticos y sociales del mundo actual, juzgan sus preceptos que datan de hace más de catorce siglos. Y se olvida o se ignora que fue un auténtico reformador y defensor de las mujeres.

11001773_901814219869545_8154193483042768209_nEl Profeta nació en la península arábiga en la tribu de Quraysh, en una sociedad patriarcal profundamente  misógina, donde la mujer era una posesión del hombre que se heredaba. Los árabes la despreciaban al considerarla una potencial causa de deshonra. Llegaron a enterrar vivas a las niñas para salvaguardarse.

Y pese a su entorno y quizás en reacción a tal discriminación, el Profeta anuncia la igualdad de la mujer con el hombre y prueba de ello es que el Corán se dirige a ambos sin distinción: “Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas…”. O utilizando el termino Insan que significa: ser humano, cuando habla a ambos sin especificar el género. El Profeta solía reunirse con las mujeres para explicar los preceptos del Islam, responder a sus preguntas y también para escuchar sus dolencias y reivindicaciones que luego tenía en cuenta. Desde el comienzo de la divulgación de su revelación la mujer tuvo un lugar preponderante en sus inquietudes, quería combatir las injusticias y no había mayor injusticia que la sufrida por ella. El Profeta tenía una gran admiración por la mujer, la respetaba y reconocía su valor en una sociedad que la humillaba y le denegaba su humanidad (no es fruto del azar si las mujeres y los esclavos fueron los  primeros y los más numerosos en convertirse al Islam en sus inicios).

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Asimismo, el Corán prohíbe también la costumbre espeluznante del waad, el entierro de las niñas vivas.

La mujer se convertiría gracias al Islam en independiente económicamente y heredera. Podía trabajar y ocuparse de sus negocios sin rendir cuentas a ningún varón (en el mundo occidental, la mujer tendrá que esperar la época reciente para poder hacerlo). El Profeta también prohibió modalidades matrimoniales vejatorias de la época preislámica, llamada ‘al yahilliya’ (la era de la ignorancia), como era el matrimonio de Mutaa (placer), que se contraía por un período limitado para que el hombre mantuviera relaciones sexuales sin ataduras. Este casamiento infame fue rehabilitado por shíes, wahabíes, salafistas e islamistas y por ello hoy revivimos “la era de la ignorancia”, condenada por el Profeta hace más de catorce siglos. Así que el auto y mal-nominado Estado Islámico o Daech (más acertado porque suena al nombre de un monstruo) como lo llamamos en el mundo árabe, es exactamente el tipo de sociedad que el profeta había condenado tajantemente.

Otra de las acusaciones tendenciosas contra el profeta es su matrimonio con Aisha, que muchos se empeñan en afirmar que tenía nueve años al casarse con él, cuando numerosos estudios históricos demuestran que tenía entre 17 y 19 años cuando el matrimonio fue consumado.

628515-models-parade-during-a-performance-called-vip-volie-islamique-parisien-parisian-islamic-full-face-ve¿Y sobre la polémica del velo que tanto incomoda a los occidentales? El teólogo tunecino M. Talbi acumula pruebas contra la obligación de cubrirse la cabeza. Afirma que es una interpretación errónea del Corán: “¿Qué dice sobre el velo? En ninguna parte se menciona la cabeza de la mujer. La palabra pelo no aparece.”

El velo según M. Talbi, es una creación de la sharía. El libro sagrado insta a la mujer a llevar una indumentaria recatada cuando se refiere al hiyab; yilbab ; jimar. La interpretación abusiva de los ulemas quizás se deba a la costumbre pre-islámica de las damas de la nobleza en la península arábiga de cubrirse la cabeza y la cara cuando salían de casa para distinguirse de las mujeres del pueblo y de las esclavas. El velo es una imposición civil, el primer peldaño en una serie de coacciones que llevan a la exclusión de la mujer y a su alejamiento de la esfera pública.

Los qurayshis, y algunos miembros de la familia del Profeta, rechazaron, torturaron y persiguieron a los primeros musulmanes. islammedia.free.frIncluso amenazaron la vida de Muhammad, que tuvo que desterrarse. Por ello, el Islam se consolidó lejos de la Meca. Y una vez abrazado por numerosas tribus árabes, el Profeta vuelve para acabar con la resistencia de los suyos. Los qurayshis negocian su rendición y ponen condiciones. Muhammad hizo concesiones para evitar derramar la sangre de su pueblo.

A lo largo de los años, el mensaje se ha adaptado a la sociedad  árabe, refractaria a los derechos de la mujer. El hombre árabe se resistía a aceptar una religión que le exhorta a abandonar sus prerrogativas. Y la revelación se había ido acomodando a la mentalidad misógina de la sociedad qurayshí.

Esta aceptó el Islam por razones interesadas, al constatar su expansión vertiginosa entre las demás tribus árabes y comprender que esa religión sería la llave mágica para abrir las fronteras del mundo. Lo monopolizaron y lo moldearon a su conveniencia, asegurando el triunfo de la visión más conservadora. Hasta hoy en día, el dominio doctrinal de Quraish se perpetúa gracias a sus descendientes de Arabia, que recuperaron su hegemonía con el movimiento wahabista, infiltrado en todo el mundo musulmán.

Por tales paradójicos derredores de la Historia, terminaron todos los pueblos islamizados adoptando algunas  costumbres de la “Era de la Ignorancia” de la península arábiga transmitidos a través de los conquistadores árabes, esos mismos usos y costumbres que el Profeta condenó y rechazó. Eso no significa que los demás pueblos practicaban la igualdad de género cuando llegó el Islam, nada más lejos. Pero los amazighs por ejemplo, el pueblo originario del Norte de África cuando fue invadido por los conquistadores árabes, su reina Dyhia, más conocida por el apodo de Kahina, combatió ferozmente y les impidió el paso, abanderó la resistencia de las diversas tribus norteafricanas y durante décadas consiguió mantener a los invasores fuera de las fronteras de su vasto reino.

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El Islam es la más igualitaria de las religiones monoteístas. Al situarla en su contexto histórico y compararla con los países vecinos de herencia greco-romana, con los cristianos y los judíos, nos damos cuenta de que la mujer tampoco gozaba de un estatus favorable. En definitiva, partiendo de la revelación del profeta, la labor exegética de los ulemas debería perpetuar y respetar este espíritu fundamentalmente reformador. Sin embargo, las mujeres musulmanas deberían arrancar al patriarcado la exclusividad de interpretar y legislar a partir de los textos sagrados. Hoy en día hay ulemas mujeres muy preparadas y competentes que podrían hacer una nueva lectura liberada de la profunda y arraigada misoginia de catorce siglos de dominación masculina y sobre todo perderle el miedo a la sharía, es decir la ley islámica, que al fin y al cabo no posee carácter inmutable ni sagrado puesto que sólo es obra de hombres que pusieron mucha energía y tenacidad en postergar a la mujer.

El Profeta defendió a las mujeres y a los marginados, llamó a la abolición de la esclavitud y condenó el racismo en unos tiempos donde la noción humanista de los derechos humanos aún no se había ni esbozado. Los que lo atacan suelen juzgarlo a través de nociones recientes de la historia de la humanidad. Es un prisma equivocado.

El Profeta fue uno de los primeros precursores de los derechos de la mujer en el mundo. No tiene la culpa de la mala fe y de la estupidez de una franja de sus seguidores, minoritaria pero muy ruidosa como los  islamistas o con enormes recursos financieros puestos al servicio de sus doctrinas regresivas, como los wahabíes y los salafistas que sufren de un estado de nostalgia aguda y quieren devolvernos quince siglos atrás.

“¡Oh, Señor nuestro! ¡No nos condenes por los actos de algunos necios entre nosotros!”  Oración

HOUDA LOUASSINI

¡Mujeres musulmanas: arrancad vuestros derechos, el profeta Muhammad estaba de vuestro lado!

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Imágenes de la artista feminista marroquí Lalla Esseydi

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3 pensamientos en “Las Mujeres y el Profeta Muhammad

  1. Elizabeth dice:

    Me parece interesante la información. Soy escéptica, por tanto, no soy religiosa ni creyente, pero de ser verdad esta información sobre Muhammad y la mujer tengo que expresar que es mentira que la misoginia sea aceptada por una minoría musulmana, realmente son la mayoría de los musulmanes y las musulmanas quienes creen en el patriarcado, el uso del velo obligatorio, etc. Antes sostenía debates y compartía ideas con muchísimos musulmanes en sus blogs, grupos de facebook, etc. Y me topé con muy poquitos humanistas musulmanes. No importa que hayan algunos musulmanes más “cultos”, la mayoría aparentemente no lo son y no le intereza serlo. Ese es el verdadero problema porque no importa cuán “buena” esta religión podría llegar a ser lo que importa es que la mayoría de sus seguidores tienen tanto miedo de descubrir cosas sobre su fe que se quedan estancados en los preceptos antiguos y más primitivos que creen conocer. Yo perdí la esperanza con la mayoría de los musulmanes aunque sé que hay una minoría que quiere ver más allá de lo que le enseñaron que era la verdad. Y no soy anti religiosa ni anti musulmana porque entiendo que todos podemos aprender algo de esas religiones a lo que respecta su filosofía de vida. Espero que llegue el día en que exista un islam “reformado” y un mundo en el que sin importar las diversas creencias religiosas que hayan, todos pueden ser capaces de respetar la diversidad y colocar el bienestar colectivo como prioridad. Espero que el fundamentalismo religioso desaparezca y la razón, el amor y la bondad sean las “guías” de nuestras vidas.
    Saludos

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