Google+

Ana Mendieta, arte y feminismo.

1

abril 9, 2015 por Dani Curbelo

Este año, concretamente el día 8 de septiembre, se cumplen treinta años de la muerte de Ana Mendieta, artista contemporánea cubana que, pese a su obra políticamente transgresora, no es lo suficientemente recordada.

El famoso colectivo artístico feminista y estadounidense conocido como Guerilla Girls inauguran este año una serie de eventos que conmemoran los 30 años de la fundación del colectivo, entre los que se encuentra la exposición que recopila su breve pero intensa historia en el Centro de Creación Contemporánea “Matadero” en Madrid, desde el 30 de enero hasta el 26 de abril 2015.

“GUERRILLA GIRLS 1985-2015”

La obra de Ana Mendieta está marcada por una vida cargada de dolorosos acontecimientos de despedida y soledad, algo que innegablemente ha influido en la identidad de esta mujer que, a través de la creación artística, ha podido liberar muchas emociones reprimidas, así como llenar los “vacíos vitales” que padecía a raíz de distintas circunstancias.

Mendieta nació en 1948 en La Habana (Cuba) y vivió allí hasta 1961, poco después del estallido de la revolución comunista, viajando con sólo doce años a Estados Unidos por deseo de sus padres, como sucedió con otros miles de niños en la famosa “Operación Peter Pan”. Durante unos años vivió en un orfanato católico del Estado de Iowa, donde posteriormente acudiría a la Universidad y obtendría una licenciatura, una maestría en pintura y un máster en Bellas Artes.

Esta circunstancia de exilio de la artista ha sido pretexto fundamental en gran parte de su proceso artístico, del cual hablaremos más adelante. Ahora bien, si queremos comprender con mayor certeza la obra de Mendieta, debemos analizar el contexto social de finales de la década de los sesenta, época que influiría en muchos aspectos del desarrollo, pensamiento y experiencia creativa feminista. La invasión de los movimientos que lucharon contra el racismo, el militarismo y el sexismo en el escenario artístico así como la ausencia evidente de mujeres en los ámbitos socioculturales, propulsaron nuevas aportaciones e investigaciones feministas en el campo de las artes con el fin de reconstruir el papel que muchas mujeres habían tenido en este, como es el caso de la historiadora Whitney Chadwick. Así pues, Mendieta, como toda una generación, absorbe estas perspectivas de igualdad convirtiéndolas en motivos fundamentales de su trabajo creativo.

Este aspecto es evidente en sus primeras “performances”, enfocadas hacia una denuncia de la violencia que padece el cuerpo femenino. En estos años, al comienzo de la década de los setenta, el elemento que cobra un protagonismo crucial en sus acciones es la sangre. Compartida por la mayoría de culturas y religiones, la sangre es el símbolo excepcional de la dicotomía entre la vida y la muerte, de la fertilidad y la tragedia homicida. Este “fluido vital” también es, junto al agua y el fuego, uno de los elementos más utilizado en los rituales de magia y esoterismo, con los que Mendieta también mantiene un fuerte vínculo de interés en un intento de aproximarse al sincretismo cubano y otros cultos africanos. No obstante, la recuperación de prácticas y símbolos (velas, raíces, tumbas, plumas, etc.) relacionados con la santería no significaba que la artista comulgara con tales creencias, sino que para ella “las primitivas culturas y también su arte, estaban más cercanas de lo que están ahora de la naturaleza”. “Death of a Chicken”, realizada en la Universidad de Iowa en 1972, es la primera “performance” que ejemplifica esta relación entre su obra y la muerte violenta: la artista, desnuda, sostiene el cuerpo recién degollado de una gallina que en sus últimos espasmos de vida salpica de sangre su cuerpo y el suelo de la sala.

"Rape Scene" (1973)

“Rape Scene” (1973)

También es el caso de “Rape Scene”, una acción realizada en 1973 con la que Mendieta denunció la violación y asesinato de una estudiante de la propia Universidad de Iowa reproduciendo en su propio apartamento la terrible escena del abuso, atándose de espaldas sobre y una mesa y con la parte inferior de su cuerpo desnudo y ensangrentado. En ese mismo año, “People looking at Blood” sería la segunda acción con la que la artista denuncia los casos de violaciones a mujeres y en donde, nuevamente, la sangre es protagonista fluyendo por debajo de la puerta de su casa hasta la acera de la calle ante las reacciones de extrañeza de los transeúntes.

No obstante, la sangre va perdiendo importancia en su obra y la tierra comienza a sustituirla como elemento con el que la cubana establece una conexión con la Gran Madre Tierra. Según Ana Martínez Collado, Ana Mendieta pertenece a un grupo de artistas que contrarrestaron las estereotipadas ideas de inferioridad femenina presente en la mayoría de religiones y creencias. Quienes formaban parte de este grupo transgresor usaron el arquetipo de la Gran Diosa como símbolo de poder y adoración, destacando Mary B. Edelson, Monica Sjoo, Beverly Skinner y Marika Tell. “Mi arte es la forma de restablecer los vínculos que me unen al universo”, afirmó la propia artista para quien su proceso creativo, concretamente sus esculturas “earth/body”, era el medio gracias al cual lograba unirse a sus creencias más “primitivas” y emociones más profundas, conectándose con una “fuerza femenina omnipresente”.¿Por qué Mendieta mantiene esta enorme admiración con la Naturaleza concibiéndola como una “diosa madre”? A lo largo de nuestra Historia, un sistema sociocultural conocido como “patriarcado” ha estructurado las relaciones entre hombre y mujeres, siendo los primeros poseedores de privilegios políticos y las segundas subordinadas al mandato y decisiones de éstos. La mujer ha sido asociada culturalmente, a través de iconografías, arquetipos y mitología, a la Naturaleza ya que ésta es presa de sus pasiones e instintos, no apropiada para labores de decisiones públicas, sino domésticas. En cambio, los hombres se han vinculado a los valores de raciocinio y objetividad que la Cultura posee a diferencia de las características subjetivas de la Naturaleza. Así pues, la labor de la Cultura, llevada a cabo por los hombres, es clara: someter la Naturaleza personificada en las mujeres. Por otra parte, Sherry Ortner, antropóloga feminista, evidenció en su famoso artículo de 1974 “¿Es la mujer a la naturaleza lo que el hombre es a la cultura?” que todas las culturas comparten la concepción de las mujeres con una proximidad a la Naturaleza mayor que de los hombres.

¿Por qué? Ortner afirma que las funciones reproductoras de la mujer (ciclos menstruales, embarazo, parto) han dado pie a la vinculación del cuerpo femenino y sus “misterios” con el mundo natural. Entonces podemos afirmar que la conciencia femenina ha estado fuertemente vinculada con el propio cuerpo, y Ana Mendieta lo demuestra usando el suyo como plataforma para su creación, como territorio de exploración y como vínculo con la Gran Diosa. Su obra más representativa al respecto es “Flowers on Body”, realizada en el verano de 1973 cuando viajó a Oaxaca (México) con su compañero Hans Breder. La acción consistía en acostarse dentro de una tumba abierta de El Yagul y cubrirse el cuerpo rígido como un cadáver con un gran ramo de flores blancas.

"Flowers on body" (1973)

“Flowers on body” (1973)

Esta no fue la única vez que la artista viajó a El Yagul: en 1974 Mendieta se enterró por completo bajo decenas de piedras que vibraban con su respiración. “El Árbol de la Vida” (1976) es otra performance con la que la artista establece una simbiosis con la Naturaleza, posicionándose delante de un árbol desnuda y cubierta de un barro que se asemeja muchísimo a la corteza de este. Estas acciones representaron la unión mística entre el nacimiento y la muerte a través de su fusión con la Madre Tierra, y al mismo tiempo permitieron a la artista la manifestación de dos aspectos primordiales de su vida: el enorme sentimiento de abandono experimentado en 1961 cuando se exilió de Cuba separándose de su familia y de su amada abuela, así como su aspiración de ser una “mujer autónoma, especialmente una mujer que pudiera vivir sin hombres, que no se definiese a sí misma a través de su relación con ellos”. Cuando Mendieta se fusiona con la Madre Tierra anhela el abrazo de su madre, a la vez que muestra su cuerpo como un templo sagrado con autonomía de los otros.

La trágica muerte de Ana Mendieta en septiembre de 1985 con sólo 37 años, que a día de hoy continúa siendo cuestionada al no saberse a ciencia cierta si fue un accidente, un suicidio o un asesinato por parte del que era su marido el escultor Carl Andre, sucedió sin que su carrera hubiera terminado, por lo que lamentablemente nos hemos quedado con una sensación de pérdida. Pese a que su desarrollo artístico fuera repentinamente truncado, la obra de Mendieta alberga una profunda visceralidad que la mantiene viva, que nos inspira a alcanzar esa conexión con nuestro cuerpo como único espacio que verdaderamente habitamos.

Dani Curbelo (@Danmarcur)

Bibliografía consultada:

– VV.AA. (2002) Mujeres artistas de los siglos XX y XXI. Köln: Taschen.
– CARRO FERNÁNDEZ, Susana (2010). Mujeres de ojos rojos. Del arte feminista al arte femenino. Asturias: Trea.
– MOURE, Gloria (1996) Ana Mendieta. Barcelona: Polígrafa.
– MARTÍNEZ COLLADO, Ana (2005). Tendenci@s. Perspectivas feministas en el arte actual. Murcia: AD HOC, Serie Ensayos.

Anuncios

Un pensamiento en “Ana Mendieta, arte y feminismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

www.orbitadiversa.org

Únete a otros 908 seguidores

Visitas

  • 2,620,669 visitas

En nuestra órbita

Archivos

Mapa Visual de Tánger (en Ramadán)

A %d blogueros les gusta esto: