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Mis juguetes me hicieron quien soy

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diciembre 24, 2015 por orbdiv

Artículo de Marta Serrano: intentando cambiar el mundo desde 1986.

#JuguetesSinGénero

Recuerdo como si fuera ayer una Navidad hace muchos años, veintiuno. Los Reyes venían a mi casa, a casa de mis abuelos, a casa de mis tíos… Había regalos para mí en todos sitios y, además, los Reyes también venían a la Hípica, un club de campo que por muy pijo que suene era totalmente rural.

Recuerdo que todos los años esperaba muy ansiosa los regalos de la Hípica, no es que fueran los mejores, es que ahí venían los mismísimos Reyes Magos a traerlos, sus pajes te iban llamando y si tenías mucha suerte, tu rey, tu rey en persona, te daba el último regalo de la fiestas.

Mi rey es Gaspar y ese año fue él quien me llamó, todo parecía estar saliendo a la perfección. Cogí mi paquete, corrí con mi familia, empecé a arrancar el papel que lo envolvía y entonces el mundo entero se derrumbó. Si en aquel tiempo hubiese conocido la expresión, un tremendo “WTF??!” hubiera salido de mi boca; como no la conocía hice uso de todas las palabrotas que una niña de 8 años pueda conocer, todos los improperios, todas las malas palabras a mi alcance. Cuando cogí ese regalo lo hice con toda la ilusión del mundo, como cualquier niña de 8 años, empecé a arrancarle el papel tan nerviosa como siempre, empecé a descubrir una enorme caja, ¿rosa?; y cuando por fin vi su contenido… Casi me muero, casi me desmayo, casi me da algo. Era la cabeza de una muñeca de tamaño casi real a la que podías peinar y maquillar.

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Recuerdo llorar y gritar espantada ante tal visión, a mí me gustaba jugar con el Mecano, los Legos, los Playmobils… A esas alturas de mi vida yo estaba ayudando a mi padre a levantar una casa, así como suena, preparando el cemento y poniendo un ladrillo encima de otro. Ese era mi rollo, no maquillar cabezas de plástico.

Pero no hay que olvidar que yo era una niña de 8 años y que, para todas las personas a mi alrededor, el juguete más apropiado para mí era una cabeza de plástico de tamaño casi real a la que podías peinar y maquillar.

No recuerdo ningún otro regalo de esa navidad; en realidad, no recuerdo otros regalos de otras navidades excepto una moto eléctrica cuando era muy, muy pequeña. Ambos regalos venían del mismo Rey, por cierto. Recuerdo que todos los años pedía la Granja de Playmobil y que todos los años tenía mi caja azul, pero nunca era la Granja. A día de hoy todavía recuerdo el anuncio, con la vocecita diciendo “¿Es la Granja de Playmobil? ¡Sí, aquí es!” y he de confesar que una parte de mí todavía quiere la dichosa granja.

Meses después tomé la Primera Comunión y mi querido Gaspar tuvo que interceder de alguna manera para compensarme por tan tremendo disgusto. Mi padrino optó por regalarme un Scalextric, ese regalo sí que me sorprendió, nunca jamás en la vida lo hubiese pedido. Me encantó, estuve jugando con él durante años y todavía me acuerdo de las risas que me echaba jugando con mi hermana a mediodía.

Me acuerdo también de mi primera Barbie, me la regalaron mis hermanas el verano anterior. Yo había elegido un Ken al que le salía la barba y podías afeitarle, había convencido a mi padre para que me lo comprara. Ellas vinieron a provocarme, que porqué un Ken y no una Barbie, yo les dije que el Ken me gustaba más, con ese rollo de la barba; ellas, pensando que me negaría, se ofrecieron a comprármela. Les dije que sí, por supuesto. Nunca tuve muchas Barbies ni Kenes, pero llevaba mis poquitas a casa de mi amiga, ella tenía miles y su hermano un montón de Action Man, no necesitábamos más.

Me acuerdo también que un año me regalaron el Alfanova, con su pieza de arcilla y su torno eléctrico. Nunca he sido demasiado buena con las manualidades, pero yo le ponía intención y supongo que mi familia se esforzaba en recibir mis obras con buena cara y media sonrisa.

Otro año nos trajeron una cámara de vídeo y otro una Super Nintendo, también me trajeron una especie de atril para pintar, colorear y se hacía teatro de marionetas, con su telón y todo. Y toda clase de libros, creo que los Reyes siempre trajeron libros a casa.

Ahora, veinte años después, haciendo memoria de todo esto, me doy cuenta de lo afortunada que fui, que mis padres me dejaban jugar lo que me daba la gana; que mis primos tenían una colección gigante de Playmobil, que mis amigas tenían un montón de muñecas, que la creatividad siempre estaba presente de alguna manera entre los regalos.

Ahora, veinte años después, haciendo memoria de todo esto, me pregunto quién sería yo si hubiera tenido otra clase de juguetes, si en vez de buscar una solución a mi ‘drama de la cabeza de maquillaje’ mis padres me hubieran obligado a jugar con ella, si mi padre no hubiera accedido a comprarme el Ken o mis hermanas no me hubieran retado a tener una Barbie, si entre mis juguetes favoritos no estuvieran los Playmobil o las Barriguitas, el Cluedo o el Magia Borrás.

Dicen que jugar es ensayar el futuro y yo siento que probé todas las variedades, con todo tipo de juguetes, de todos los colores y formas. Jamás me preocupé por si era un juguete de chica o chico, aunque siempre he odiado el rosa y el azul y para espanto de mis hermanas era más de amarillo, verde o naranja. Siempre he odiado que me digan que hay cosas que no puedo hacer, así como hacer exactamente lo que se espera que haga.

¿Por qué nos empeñamos en decirle a las personas que nos rodean qué tienen que hacer, cómo tienen que pensar, qué deben desear, cómo deben comportarse? ¿Por qué no nos limitamos a tratar de adivinar qué pensamos o qué deseamos nosotras mismas y dejamos que las demás hagan lo suyo? ¿Por qué en vez de tratar de limitar a las niñas y los niños de nuestra vida no intentamos aprender de ellos y abrimos nuestra mente? Seguramente todas seríamos mucho más felices.

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2 pensamientos en “Mis juguetes me hicieron quien soy

  1. […] género escondidos en los regalos de Navidad que recibía de niña. Su premisa, demostrarnos cómo nuestros juguetes nos hacen quienes somos. Y bajo esa misma premisa me preguntó Ofelia, ¿qué música escuchabas cuando eras pequeña?, […]

  2. […] inspirada por las contribuciones del año pasado de mis compañeras Inca Princess y Marta Serrano, y con la ayuda de mi fantástica […]

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