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Un año después, Lemebel vive

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enero 21, 2016 por Dani Curbelo

Las grandes pérdidas no siempre resultan ser televisadas.

Madrugada del viernes 23 de enero de 2015. El eco del fallecimiento de Pedro Lemebel llegó a España casi apagado. Si ya atravesar el inmenso Atlántico desde Chile debilitaba la noticia, apenas uno o dos medios nacionales estimaron oportuno dedicar unos párrafos al recuerdo de una de las figuras literarias latinoamericanas más relevante en las últimas décadas.

Y es que Lemebel te atrapa con su prosa. Una vez has leído tres o cuatro líneas es imposible detenerte. Será esa facilidad para describir a sus personajes de un modo tan humanamente crudo, las imperceptibles pinceladas de ficción que decoran sus recuerdos o ese espíritu contestatario presente tras cada coma. La obra de Lemebel es ese espejo que sujetas entre tus manos y en donde proyectas lo que verdaderamente eres. Sin velos ni tapujos, te reconoces en las historias de desamor entre travestis y milicos, en los funerales de las que el SIDA se llevó y en las risas roncas de las que pasan la noche doblando las esquinas.

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Su origen humilde, procedente de uno de los barrios más marginales de Santiago de Chile, siempre lo mantuvo fuertemente vinculado y comprometido con varias cuestiones muy presentes en su vida: disidencia sexual, drogadicción, pobreza y prostitución. A caballo entre lo íntimo y lo público, Lemebel difunde un mensaje abiertamente crítico con la dictadura militar de Pinochet, causante de tanta represión en las corrientes de izquierda de la época. No obstante, el autor también dedicó uno de sus textos más famosos, Manifiesto (Hablo por mi diferencia), a la homofobia que sufrió por parte del movimiento comunista chileno de mediados de los ochenta.

“Pedro estuvo siempre en las actividades del feminismo chileno y específicamente en el feminismo más radical, representado por La Morada.” – Raquel Olea

A lo largo de su vida, Lemebel también se relacionó con muchas figuras relevantes del feminismo chileno, como es el caso de las escritoras Pía Barros (1956) y Diamela Eltit (1949). “Tal como Pedro lo dice en la presentación de su libro De Perlas y cicatrices, publicado en 1996, él tuvo un lugar destacado en la programación de Radio Tierra, de la corporación La Morada –primera radio feminista en Latinoamérica, proyecto pensado, dirigido y llevado al aire sólo por mujeres–”, recuerda Raquel Olea.

Y qué decir de aquel año en el que Paul B. Preciado viajó a Chile. Al parecer, el discurso transgresor de Preciado, fundamentando en la Teoría Queer y discrepante con la identidad feminista, no sentó demasiado bien a Lemebel, quien sutilmente le señaló su actitud “colonizadora”. Sin embargo, este suceso no supuso un motivo de enemistad. Con la noticia de su muerte, Preciado dedicó unas líneas al recuerdo de su “madre travesti, comunista e indígena”.

Respecto al “mundo gay” Pedro también dirigió sus críticas. Concretamente hacia ese “status” del que gozan quienes han nacido en una familia acomodada, que como él mismo decía “adoptan el modelo importado” de legalización y se distancian del resto de identidades y orientaciones, las cuales continúan sufriendo la más cruda marginalidad por su “incapacidad” de adaptación a estándares y dictados propios del discurso de la normalidad. “Te aclaro que lo gay no es sinónimo de travesti, marica, trolo, camiona, marimacho o transgénero”, afirmó en una entrevista para Flavia Costa.

“Se acepta el gay profesional, gay televisivo, gay farandulesco, gay de gimnasio; pero la loca triste, evidente y furiosa de la población sigue siendo estigmatizada.” – Los varios rostros de Lemebel

Con la publicación de “Loco Afán: Crónicas de sidario” (1996) salió a flote un secreto a voces: la estrecha relación entre la prostitución travesti y lo que él llamaba la “plaga”. Mezclando el goce con el dolor, reconstruyó las historias individuales de compañeras que sufrieron la represión de la dictadura y murieron de SIDA. Aunque el virus arrase con sus cuerpos, el desparpajo y las ganas de vivir de personajes como la Madonna o Loba Lamar se mantienen ilesos. La enfermedad pasa a ser un motivo de lucha diaria. “Los travestis luchan contra el virus, rescatan el último suspiro y lo vuelven a transformar en vida. La enfermedad, aunque sea percibida como interrupción, constituye también una motivación para continuar reinventándose.”, comenta Margarita Sánchez.

Ya ha pasado un año, Pedro, y no lo creemos. Tal vez por la desventura que todas sufrimos con una noticia ya vaticinada, o porque al acariciar con las yemas tu vida, fragmentada en cada página que escribiste, pareciera que aún respiras. Tú fuiste esa yegua indomable que quiso correrse las praderas, la que no calló ni agachó la cabeza, hasta que un cáncer de laringe quiso despojarte la voz.

Pero no pudo, porque la verdad nunca se quedará muda.

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 Dani Curbelo


Enlances de interés:

10 frases de Pedro Lemebel que sacudieron a un país conservador

“Muere el chileno Pedro Lemebel, referente de la literatura contestataria”

“Adiós a Pedro Lemebel, la “yegua” literaria que rompió tabúes en Chile””

Un pensamiento en “Un año después, Lemebel vive

  1. Daniel Subiabre dice:

    Reblogueó esto en Libros, Cine y Másy comentado:
    Hoy, hace un año, falleció el escritor chileno Pedro Lemebel. “Orbita Diversa” lo recuerda con mucho cariño en esta nota:

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