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Reflexiones sobre la violencia

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enero 27, 2016 por orbdiv

A M. con mi amor y admiración

A María José, que me habló de la grandeza del ser humano

El sábado 9 de enero, una mujer transexual fue agredida en la plaza de Lavapiés de Madrid hacia las doce de la noche. Sus agresores, intentando robarle el bolso, en el forcejeo la etiquetaron como “maricón” y, arrogándose el derecho al castigo, golpearon y patearon a esta mujer por el sólo hecho de ser como es.

El día 1 de enero, a primera hora de la mañana, un chico homosexual que regresaba de una fiesta de nochevieja, fue agredido al salir del metro por el sólo hecho de ser como es.

El día de nochebuena de 2015, un adolescente transexual llamado Alan, se suicidaba incapaz de seguir soportando el acoso y la humillación. Estos acoso y humillación los había sufrido por el hecho de ser un chico transexual que había elegido seguir su propia vía, acto que le coloca automáticamente en la vulnerable posición del acosado y, a la vez, al igual que los protagonistas de los otros casos, en una infinita superioridad moral respecto a sus agresores. A estos hechos podríamos añadir el número sobrecogedor de víctimas de violencia de género, generalmente muy poco difundidos por unos medios que, en su sumisión al poder, se muestran poco dispuestos a causar molestias con este tipo de noticias.

Podríamos sumar a esta repetición de hechos violentos, los incontables casos de acoso escolar que pasan generalmente desapercibidos de las autoridades académicas y de la sociedad; no así, naturalmente, para los niños que lo sufren y para sus acosadores. Aquí no se da necesariamente en los casos de alumnos LGTB (lesbianas, gais, trans*, bisexuales) como fue el caso de Alan. Basta con que el alumno sea más sensible o tenga un carácter y una apariencia más débil para que el grupo de “matones” -fuertes consumidores de una cultura de la violencia de la que cine, televisión, juegos etc. han hecho un artículo de consumo de primera necesidad-, le conviertan en el “otro” y así quede la puerta abierta para todo tipo de vejaciones. Muchos de estos casos terminan en suicidio. Hace tan solo unos pocos días que ha ocurrido este hecho en un niño de once años.

Contra la LGTBfobia, Madrid, 23.01.16. Foto: Arcópoli.

Contra la LGTBfobia, Madrid, 23.01.16. Foto: Arcópoli.

Josué González Pérez, en su artículo Viejas violencias y nuevas hegemonías, publicado en El Diario, Zona Crítica el 26 de agosto de 2015, nos señala esta alarma que no debiera de ninguna manera dejarnos indiferentes:

“Como feminista, me veo en la responsabilidad ética de insistir en ese imperativo cuando nos encontramos con una situación de alarma social por ese incesante número de asesinatos machistas y que parece importarle bien poco a unas élites que no gobiernan precisamente para garantizar el bienestar de las mayorías sociales.”

Ante esta abrumadora repetición de hechos violentos, y un poder que no hace gran cosa para evitarlos, ante agresiones que quedan en su mayoría impunes y la precariedad existente –cuando no directamente la supresión- de protección y ayudas sociales a las víctimas, es cuando más deberíamos detenernos a reflexionar profundamente sobre lo que está en juego.

Lavapiés libre de violencias transfóbicas y machistas, Madrid, 15.01.16.

Lavapiés libre de violencias transfóbicas y machistas, Madrid, 15.01.16.

La violencia vive en el ser, forma parte del ser y es sólo mediante un esfuerzo inconmensurable, individual y colectivo, que puede ser dominada y encauzada por la vía de la razón.

Ya no vivimos (físicamente hablando, mentalmente es otra cosa) en las cavernas donde la violencia era sin duda cualidad necesaria para la supervivencia de la especie. Nos hemos dotado de edificios donde vivir, de medios tecnológicos que deben facilitarnos la vida, de ordenamientos jurídicos que deben regir la convivencia. Sin embargo el recurso a la violencia es el más inmediatamente utilizado, sea por los individuos o por los estados y esta continua repetición no sólo degrada al ser humano y pone muy en entredicho nuestros avances en todos los órdenes, sino que tiene sus implicaciones económicas del lado de la perpetuación de los inmensos beneficios de la industria armamentística. Podemos ver, respecto a esto, cómo en un país como Estados Unidos, donde con atroz frecuencia se producen matanzas indiscriminadas en colegios, institutos, etc., cómo los esfuerzos del presidente Obama para buscar el control y/o la prohibición de la venta libre de armas de fuego, son abocados al fracaso al tropezar con el muro infranqueable de los intereses de la industria del armamento, bien disfrazados de rancio patriotismo (Asociación Nacional del Rifle).

Cuando la respuesta militar a gran escala se convierte en la única respuesta frente al terrorismo -como es el caso de Francia tras los espantosos atentados de París-, se frotan las manos los fabricantes de armas por los grandes beneficios a obtener, ya que se destinan a gastos militares sumas inmensas de dinero a la vez que se escatiman y/o se suprimen prestaciones sociales. Y es muy grave que esta respuesta militar no venga acompañada de un debate social en profundidad sobre las verdaderas causas de estas acciones: ¿A quién beneficia el terrorismo? ¿Quién lo financia? ¿En qué clase de miseria y marginación nace y se cultiva? ¿Quién o qué políticas pudieron haberlo prevenido y evitado y no se hicieron? ¿A quién le interesó sembrar y regar esta semilla?

No hay que olvidarse de la violencia utilizada por el Estado como respuesta, no a acciones terroristas, sino a justas reivindicaciones ciudadanas defendiendo derechos que bajo ningún concepto deberían ser cuestionados: derecho al trabajo, a la salud, a la vivienda, a la educación. No obstante, el poder económico convierte en su lacayo al poder político y las personas son despojadas de sus trabajos y viviendas y reducidas a precariedad, recibiendo generalmente cargas policiales como única respuesta a su protesta, criminalizando así a parados, trabajadores en huelga, desalojados de sus viviendas, a la pobreza en suma. La policía deviene pues el único argumento del que no tiene argumentos.

En el artículo citado más arriba, Josué González Pérez nos trae unas palabras de Clara Serra, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid muy acertadas para esta reflexión y en las que “insiste en la imposibilidad de la democracia si el actual poder político desprecia las vidas de la mitad de la población.”

Manifestación contra las violencias machistas, Madrid, 07.11.15.

Manifestación contra las violencias machistas, Madrid, 07.11.15.

Y volviendo al hecho inicial de este escrito, el de las cotidianas agresiones a personas pertenecientes al colectivo LGTB, nunca se incidirá lo suficiente en señalar el punto de que estos actos de violencia se producen como forma apabullante de rechazo al “otro”, al “diferente”, y que en ellos está muy presente el terror implícito a encontrar esa “diferencia dentro de sí”.

“La individualidad –nos decía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo– es intolerable. Es decir, todo lo que distingue a un hombre de otro”, y para el poder, para el sostenimiento de su bastarda hegemonía “… (el hombre) puede ser completamente dominado cuando se convierte en un espécimen de la especie animal hombre.”

Aquel que agrede o asesina a un homosexual o una lesbiana, a un o una transexual o bisexual, está ejecutando un acto de castigo que fue en su momento una de las bases ideológicas del nazismo: la condena por el sólo hecho de “ser”.

Naturalmente que no reconozco capacidad alguna para la ideología a estos individuos -como tampoco la tenían aquellos salidos de las capas más marginales de la sociedad alemana de su tiempo que formaron en su momento las SA y llevaron al nacionalsocialismo al poder-, pero reproducen con su acción aquel siniestro modelo. Y ante esta condena por el sólo hecho de ser, todos nos hallamos indefensos.

Y si esta indefensión sólo recibiera el silencio y la sumisión como respuesta es que no seríamos conscientes de cuánto de lo más profundo de nosotros está en juego: sería que habríamos alcanzado la más desoladora derrota moral y habríamos perdido por completo la fe en la grandeza del ser humano.

Antoine, Madrid, 27 de enero 2016

Textos que estuvieron a mi lado:

  • Josué González Pérez. Artículo Viejas violencias y nuevas hegemonías. El Diario, Zona Crítica. 26 agosto 2015
  • Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo. Editorial Taurus 2004.

Otras reflexiones sobre violencias:

“Gay e Italiano: el silencio y la rabia” por Matteo Ricci Ugatti

“OGRO DE MI AMOR – De cómo dejarse aplastar por un “amor” violentopor Cynthia Cantú Cuadras

“Armariado”, cuando la violencia es interiorizada.por Dani Curbelo

Perpetuidad y Banalidadpor Antoine

DiaMemoria

27 de enero, Día de la Memoria. Imagen: Mauro Biani.

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