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En Orlando

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junio 14, 2016 por orbdiv

Como en el viejo poema de Félix Grande, “hoy el periódico traía sangre igual que de costumbre”; pero él añadía que chorreaba “como la tráquea de un ternero sacrificado”. Hablaba de animales sacrificados. Hablaba de periódicos que traen todos los días su cargamento de sangre, su avalancha de noticias que, en “volumen considerable”, traen su cargamento de sangre; de departamentos de estado que no dan las cifras de las bajas, quizá por ser éstas insignificantes, y así esto se convierte en noticia de rutina, casi dejan de tener importancia estas bajas anodinas, que tan sólo serían listas de nombres que no conocemos, y ese anonimato que las esconde, que las enmascara, hace que nos olvidemos muchas veces que somos también nosotros.

Y los carniceros siguen “haciendo su negocio mediante esos pobres animales sacrificados”.

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Y en Tordesillas el Toro de la Vega será de nuevo matado después de atroces torturas, y seis toros mueren cada día en cada plaza, destruidos, torturados, asesinados bajo la mirada siniestra de un poder que considera esto cultura, lo proclama “Bien de Interés Cultural”, y el que se oponga sufrirá la iracundia de los taurinos que le brutalizarán como al toro sin que nadie mueva un dedo para evitarlo, y si un día, llevados de su apasionamiento en la defensa de su “Bien de Interés Cultural”, llegasen a dar muerte al antitaurino, tengamos por seguro que su crimen quedará impune y jueces, policía, políticos, tejerán la sutil red que les deje libres y con la implícita libertad para continuar su obra.

Pero en la noche de Orlando mueren los inocentes y la tragedia salpica todas las banderas arcoíris y es cierto que todos nosotros estamos heridos también.

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¿Crimen de odio, de homofobia? Eso le corresponde dilucidarlo a la justicia. El autor de la matanza, estadounidense, dicen que simpatizante o miembro de pleno derecho del Estado Islámico, esos que en su tierra de origen arrojan homosexuales desde lo alto de la ruina, después de ejercitar la tortura, tan fácil de aplicar sobre los indefensos. Asesinados después del dolor para que la muerte sea así la única liberación que podían esperar. Como los detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires (ESMA, el Auschwitz argentino). Como el Toro de la Vega. O los seis toros que mueren en cada plaza todos los días.

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En Orlando han sido 50. Seres humanos que son juzgados, condenados a muerte y ejecutados por un poder siniestro y por el sólo hecho de ser. 50 seres humanos asesinados que dejan un trazo negro sobre el arcoíris. Condenados por el sólo hecho de ser: millones de judíos, gitanos, homosexuales hacinados en campos peores que la muerte, gaseados y convertidos en humo y ceniza; ceniza que impregna la tierra entera de Europa; humo que flota por siempre en el aire de Europa, con su acompañamiento de olor acre a carne quemada; humo que respiramos todavía.

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En Orlando tenemos 50, o 49, o 51 muertos que éramos nosotros, ¿necesitaremos de toda nuestra mirada profunda para encontrar también en nosotros al asesino? ¿debemos ser el Toro de la Vega y a la vez el que le alancea? No me llega de forma gratuita esta pregunta, ¿no es así que Marguerite Duras en La Douleur -libro en que relata la angustiosa espera de la liberación de su marido Robert Antelme, prisionero en un campo nazi- nos expresa su atroz reflexión de que debemos entender primero que todos fuimos a la vez las víctimas y los verdugos si es que queremos de verdad comprender?

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En Orlando han sido 50 muertos. Y la mañana del 1 de enero un joven gay que regresaba a su casa fue agredido en algún lugar de Madrid a la salida del metro. Y la noche del 7 de enero una mujer trans fue brutalizada en Lavapiés por tres o cuatro individuos que, a la vez que la golpeaban, utilizaban como insulto la palabra “maricón”, palabra que debemos tener y reivindicar como nuestro más bello calificativo.

¿Cuántas de estas agresiones son nacidas espontáneamente del odio atávico a “lo diferente”, y cuántas están dirigidas, organizadas y orquestadas desde un fondo oscuro de poder que quizá no sabemos bien dilucidar?

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El movimiento LGTB ha, de hecho, avanzado muchísimo en la consecución de derechos civiles tan sólo hace unos años impensables. La aprobación del matrimonio igualitario se extiende por el mundo ante la rabia de los defensores de la familia hetero-patriarcal y la de las iglesias que, con honrosas excepciones, lanzan sus anatemas del Siglo XIII hacia todo lo que pretenda tener vida propia más allá de sotanas y sacristías.

Este matrimonio no podrá ser aprobado nunca en países islámicos o en el imperio ruso, lugares caracterizados por su intensa homofobia que no es aquí solamente fruto de lo atávico, sino alentada y ejecutada por el poder que, de paso, ejecuta también a los homosexuales que puedan caer en sus manos (no en Rusia donde sólo se limitan a encerrarlos y ejercer las violencias más brutales, sino en muchos países musulmanes).

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Pero no debe engañarnos esta situación “halagüeña” que disfrutamos los LGTB del Primer Mundo. Antes bien deberíamos comprender que nuestra actual libertad es muy frágil, muy expuesta, no sólo como movimiento, sino desde el momento que tan sólo uno sea agredido en la calle. Hay que mantener la mirada firme ante el trasfondo de las agresiones y desconfiar de ciertas encendidas defensas de los homosexuales… ¡en Irán! por parte de partidos homófobos que sólo como búsqueda de votos y notoriedad política les mueve esa “preocupación” por los gays de Irán. No nos dejemos subyugar: aquellos que nada hacen –salvo obstaculizar- por la recuperación de la Memoria Histórica y no admiten la apertura y consiguiente investigación de las fosas comunes de los asesinados por el franquismo (su ideología-madre) no pueden ser ahora defensores de los derechos de la población LGTB.

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En Orlando han sido 50… y muchos civiles inocentes lo pierden todo, incluso la vida, bajo las bombas de la coalición del occidente civilizado que combate al Ejército Islámico. ¿Hay más o menos horror en Orlando que en los campos de concentración de Grecia y Turquía donde se hacinan los refugiados, o en las alambradas de espino de Hungría o Polonia, o en las alambradas de Ceuta y Melilla?

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En Orlando 50, o 49, o 51… no puedo transcribir aquí todos sus nombres. Tomo uno al azar, el primero de la lista que la ciudad de Orlando ha publicado en su página web:

Edward Sotomayor Jr., 34 years old

Que te acompañe, Edward, a ti y a tus compañeros del último viaje nuestro recuerdo, como una emocionada oración a la vida.

Antoine, 13 junio 2016

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Consultados:

Félix Grande: Años (antología) Editora Nacional. 1975.

Poema Recuerdo de infancia, del libro Blanco Spirituals

Marguerite Duras: La Douleur. Citado de memoria.

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Un pensamiento en “En Orlando

  1. […] terribles atentados causaron heridos y muertos en Irak, Bruselas, Estambul y a mediados de junio en la discoteca Pulse de Orlando en Estados Unidos, entre otros […]

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