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Un tren para Clara

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diciembre 24, 2016 por Zenaida Wheels

Clara no se ilusiona con la Navidad. En su casa nunca hay árbol de luces, ni regalos con moños satinados, ni nieve de poliestireno, ni cenas hechas al horno. Nadie en la familia se emociona en estas fechas, tampoco se habla de Santa Claus. El papá de Clara dice que ese viejo no existe, que lo inventaron los gringos para vender más Coca Cola y que donde se ha visto a un trineo volar. La mamá de Clara cree en el niño Dios, pero el dinero no alcanza para hacer fiesta por alguien que nació hace tanto tiempo.

A Clara le gustan estos días de invierno suave, porque no hay que ir a la escuela y puede jugar todo el día en la calle con sus hermanos y los chicos del barrio, ella es la única niña de la pandilla, aunque eso todavía no le importa a nadie. Es una campeona en bailar el trompo y tiene una enorme colección de canicas que ha ganado en competencia. Lo que mas le gusta a Clara es jugar al béisbol y a su mano zurda no se le escapa ni una bola.

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Cada año, las monjas de la capital vienen al barrio a repartir juguetes usados. Llegan en una furgoneta que parece sufrir de lo cargada que anda y se estacionan frente a la tienda de Doña Lupe. Con la ayuda de las vecinas, arman unas mesas de plástico y  acomodan todos los juguetes que lograron reunir de donaciones de gente compadecida o que simplemente necesitaba deshacerse de los trastos que hacían bulto es sus armarios.

Clara y sus amigos detienen el partido de beis y se acercan a ver la exhibición de cientos de juguetes protagonistas de navidades pasadas, son objetos bien conservados o que con una pequeña reparación vuelven a funcionar. Ella sabe que es mejor no llevar a casa nada que necesite baterías porque tal vez nunca se las compren. También esta pendiente de que sus hermanos no acepten pistolas de juguete, ni nada que haga demasiado ruido, de lo contrario Papá lo pondrá en la basura.

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Mientras que las monjas acomodan las cosas, la pandilla de Clara y otros niños y niñas que llegan de las calles aledañas, empiezan a formar una fila larguísima organizada por las vecinas que intentan mantener el orden y calmar el alboroto. Desde su lugar, Clara se pone de puntillas y hace un esfuerzo por encontrar algo interesante en la mesas. Entre tantas cosas revueltas, se fija en un pequeño tren despintado, con un vagón de carga y ruega porque nadie más quiera llevárselo.

— ¡Me pido el muñeco ninja rojo! — anuncia su hermano Toño.

— ¡Yo quiero el camión de bomberos! —  dice el amigo Luis.

— ¡Y yo el cohete blanco! — Pide su hermano Mario.

A Clara siempre le cuesta mucho decidirse. Además, las monjas parecen no estar de acuerdo con lo que ella quiere y terminan dándole cosas que no le gustan. No entiende para que le dicen que elija. Lo que le consuela es que toque lo que toque, siempre podrá jugar con las cosas de sus amigos y hermanos. Sólo, hay que esperar a que se aburran de sus juguetes, porque los primeros días no los sueltan ni para dormir.

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Sin nombre por Blodymir

—¿Que regalo elijes? — pregunta una de las monjas, cuando llega el turno de Clara

— Por favor, quiero esa locomotora negra — Responde Clara, apuntando al viejo y polvoriento tren, escondido entre los animales de peluche.

— Pero, eso es más para chicos, ¿no crees? — Dice la religiosa, buscando otra cosa de la mesa, sin esperar una respuesta de la niña.

Clara se detiene a pensar un momento. No es la primera vez que le vienen con el cuento de que las niñas no deben jugar con cosas que tengan ruedas, al menos que se trate de cochecitos de bebés. Pero, de verdad el tren le ha gustado mucho y se imagina que viajaría en el por tierras lejanas, construiría largas rutas y puentes para transportar mercancías y gente, a través de lugares misteriosos. Encontraría personajes extraños con los que aprendería a negociar en lenguas desconocidas. Esa locomotora y su vagón serían su transporte hacia un universo nuevo.

— Verá hermana, yo tengo una sola muñeca, que ustedes me dieron el año pasado, se llama Gertrudis, pero no juego con ella porque la pobre es un poco aburrida y no le gusta salir de casa, tal vez sea porque lleva pegados unos tacones altísimos que no la dejan caminar y mucho menos correr, además su ropa parece bastante incomoda. Si usted me regala el tren, yo la subiría al vagón para llevarla de paseo y así Gertrudis conocería el mundo fuera de la caja de zapatos donde vive.

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Sin nombre por Jocylin Jackson

La religiosa sonríe resignada y aunque sigue pensando que el juguete que la niña ha elegido no es muy apropiado, decide dárselo, tal vez por solidaridad con Gertrudis para que al fin salga de su encierro o porque piensa que el tren mantendrá a Clara lejos de la calle. Por la pinta desaliñada de la niña, es fácil adivinar que pasa muchas horas afuera corriendo y participando en juegos poco tranquilos, poco femeninos, digamos.

Esa Navidad, mientras el planeta brindaba y comía hasta el amanecer, Clara descubrió que su mente no tiene limites y que gracias a su tren podía ir a donde le diera la gana. Que si bien, le gustaba tanto jugar con sus amigos a la pelota, a las carreras y a trepar arboles, también era capaz de pasar muchas horas sola, construyendo historias a bordo de su tren, acompañada por Gertrudis que aunque siguió usando tacones altos, por lo menos ya no sufrió de los callos y pudo al fin abandonar la caja de cartón.

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The rolling stone. Pascal Campion

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10 pensamientos en “Un tren para Clara

  1. Reblogueó esto en Zenaida Wheelsy comentado:

    Cuento publicado dentro de la acción #JuguetesSinGénero que promueve la asociación Orbita Diversa, por la igualdad desde la niñez.

  2. macalder02 dice:

    Un cuento para despertar la sensibilidad. Saludos.

  3. Gracias por compartir este original y didáctico cuento, la pena es que hoy en día no es dificil encontrar niños en la misma situación que los protagonistas del relato.
    Namasté

  4. Negrix dice:

    Reblogueó esto en Un Metro de Crónicasy comentado:
    No hay que separar la vida en lo que puede hacer un chico o lo que puede ser una chica. No se debe subestimar los gustos de una persona en formación

  5. Preciosa historia, Zenaida. La infancia es el momento en el que se forja nuestro caracter y donde empieza nuestro viaje. El viaje puede se hacia el exterior o hacia el interior, o ambos. Lo importante es ir hacia adelante. Me gusta mucho que Clara sea una niña inteligente y supere las dificultades para conseguir su objetivo.
    Por otra parte gracias por visitar mi blog. Un saludo!

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