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La voz de los muros

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abril 21, 2017 por orbdiv

Un artículo-reflexión de Antoine, acompañado por una galería de fotos de graffitis y murales diversos, tomadas en Uruguay (Colonia y Montevideo) y Argentina (Buenos Aires, Tucumán y Salta) en marzo de 2017.

A veces es forzoso que los muros hablen: es porque los seres humanos no pueden hacerlo, porque está en peligro la libertad de expresión.

Pero no nos dejemos llevar por la confusión: invocan a menudo dicha libertad de expresión aquellos que jamás la reconocieron a nadie; acostumbrados como están al poder absoluto, han encontrado una oposición a sus actos que nunca antes habían conocido: un grupo ultra-católico pretende pasear por calles y carreteras de nuestro país el autobús de la infamia, pintado con eslóganes de odio, y son los niños/as transexuales, un sector particularmente vulnerable y sujeto a sufrimiento, el objeto de su resentimiento. Ante la afortunada reacción de diversas autoridades comunitarias y municipales de varias ciudades por las que pretendía pasar, prohibiéndolo circular, y de la gente que se manifiesta contra ellos, claman por esa libertad que jamás reconocieron a nadie, dignos hijos que son de un régimen criminal que persiguió mediante la prisión, la tortura y la muerte, a todo aquel que se oponía al mismo.

Esta ha sido la atroz historia de muchos, de incontables homosexuales, republicanos, obreros, intelectuales, gentes llenas de razón que conocieron la guerra, la cárcel, los trabajos forzados, los pelotones de fusilamiento. Muchos de ellos yacen ahora en fosas comunes que el Estado heredero del régimen se niega a abrir y de esta manera sigue condenándoles con su desprecio y olvido.

Y el olvido es justo un lujo que no nos podemos permitir: los sectores más rancios de la iglesia católico-franquista enviaban a sus funcionarios con sotana a bendecir los pelotones de fusilamiento, a sus monjas a robar bebés de las prisioneras republicanas. Lo sabemos por testimonios de nuestros padres y abuelos, lo sabemos por esa memoria que quiere ser guardada.

Estos, los del autobús, jaleados por la prensa del régimen, dejaron su reloj parado hace siglos, cuando sodomitas, judíos y herejes eran quemados en las plazas para diversión del pueblo; que no nos quepa duda de ello: si no lo siguen haciendo es sencillamente porque ahora no se puede, no porque les falten los deseos de hacerlo. Judíos, homosexuales, herejes… las hogueras de los autos de fe dejaron toda una época atestada de dolor y cenizas, y marcaron siniestro prólogo a los fuegos de Treblinka y Auschwitz varios siglos después.

Hablan los muros de Argentina y Uruguay gritando los nombres de los desaparecidos/asesinados por las dictaduras de los años 70 del pasado siglo. Chile no olvida sus desventurados hijos, asesinados y arrojados al océano; dictaduras de Pinochet y Videla bendecidas por amplios sectores de la iglesia católica y promovidas y amparadas por los Estados Unidos de la época infame de Nixon y Kissinger (recalquemos para que no se nos olvide nunca que este último fue premio Nobel de la paz en 1973).

Gritan los muros por la violencia machista, que incrementa incesantemente los nombres de las mujeres maltratadas y/o asesinadas.

Gritan los muros en su belleza, gritan con sus palabras o su arte para que no olvidemos la infinita injusticia del mundo, la desigualdad, todo aquello que nos es necesario en un mundo donde el ser carece de importancia ante el dinero.

Esto nos invita a detenernos en sus imágenes y sus palabras de belleza y transgresión, a encontrar en nosotros mismos todo aquello que los muros nos quieran contar.

Pero no olvidemos que no siempre los muros que nos hablan son los de cualquier ciudad del mundo donde alguien escribió frases o pintó murales: que no se nos olviden aquellos que pisotean al ser humano y todos sus derechos inherentes como persona: hablo de los muros de Israel, de Ceuta y Melilla, de México. Esos monumentos de alambrada y hormigón a la estupidez humana, a la frontera

El muro que levantaron en Berlín el totalitarismo soviético y sus acólitos alemanes cortó en dos la ciudad: se le llamó el “Muro de la Vergüenza”, y es con vergüenza, y sobre todo con pena, como quizá debiéramos recordar ahora nuestra alegría por su caída en 1989.   

La caída de este muro no significó el comienzo de una era de concordia como ingenuos, en aquel momento, llegamos a pensar: las dos guerras del Golfo, la destrucción de Bosnia y el alzamiento de nuevos muros por todas partes vinieron a sacarnos de nuestro error.

Aquellos que clamaron tanto por su desaparición, jamás alzaron su voz contra los nuevos muros, los que se alzan en lo que antes se conocía como “Mundo Libre”. Estos nuevos muros, monumentos al miedo y a la soberbia, insultan tierras y seres humanos, y aquel territorio que pretenden proteger se pudre dentro de ellos: no sólo impiden el paso al otro, al “extranjero”: impiden también el paso del aire.

La ascensión de los fascismos ha dejado de ser una novela de política-ficción: ya es una realidad en Estados Unidos y en países de Europa como Hungría y Polonia; no cabe suspirar con alivio porque los partidos de extrema derecha no hayan conseguido en las últimas elecciones alcanzar el poder en Austria y Holanda: han estado muy cerca de ello y pueden conseguirlo la próxima vez. Los refugiados se pudren ante un muro de alambre de espino y ven sus vidas destruidas ante la puerta de una Europa que creían el paradigma de la libertad y el humanismo. En lugar de la solidaridad que buscaban, encontraron la repetición de escenas que nos retrotraen a la Segunda Guerra Mundial.

Los niños de Gaza no pueden jugar en el mar, los niños de Cisjordania no conocen el mar, saben que su futuro será de prisioneros, de parias de la tierra. Latinoamérica se muere ante el muro edificado por la soberbia del amo, y todo lo que se puede en estos momentos esperar no es otra cosa que su agrandamiento hasta cubrir toda la frontera. Los que saltan las alambradas de Ceuta y Melilla, encontrarán gravísimas heridas si consiguen hacerlo. Su desesperación les empuja hacia el paraíso europeo. Pero el paraíso europeo o americano, si existieron alguna vez, no existen ya: sólo queda una descarnada y patética caricatura.

Antoine, marzo 2017

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#BruselasArcoíris – Un muro contra los prejuicios
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Un pensamiento en “La voz de los muros

  1. Diana dice:

    Antoine….!!!! Cuanta pasión en tus ideales!!!!!

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