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La Diversidad Funcional y la Diversidad que esta ocupa

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octubre 6, 2020 por orbdiv

Hoy voy a tomar una voz que no me corresponde, ya que no soy, aparentemente, una persona con diversidad funcional. Aunque por situaciones vitales y profesionales llevo toda mi vida en contacto con esta realidad. Antes de nada quisiera pedir perdón y permiso para hacer este escrito, e incluso invitar, para callar, a que sean esas personas que vengan a este u otro espacio donde participo y tomar la voz que de verdad tienen, que según mi experiencia, merece mucho sentarse a escuchar, que a mi, por lo menos, me ha dado una gran visión de lo que es la diversidad.

El termino diversidad funcional nace de un movimiento en primera personas, que presentan formas diversas de funcionamiento, dentro de lo establecido dentro de la sociedad, un movimiento que se amparó, en origen, dentro del “foro de vida independiente”, en España desde 2001. Un foro del que han salido grandes representantes del movimiento social de la diversidad funcional, y que, a mi juicio, han tomado el relevo de muchos movimientos anteriores, interrelacionados con otros movimientos sociales de gran trascendencia.

Este movimiento surge con “el objetivo de impulsar en España el movimiento de Vida Independiente, surgido en EE.UU en 1972 y muy arraigado en Europa en la actualidad”. Un movimiento que ya surge con la idea de que todas las personas somos personas de pleno derecho. Aunque para que esto sea real, todo debería ser accesible a todas las personas, ya que todos, todas y todxs somos ciudadanxs, ciudadanas y ciudadanos. Para lo que habría que realizar adaptaciones a las diversidades físicas, de acceso a la información y sensoriales. Con la curiosidad de que toda adaptación facilita la vida a las personas normativas, hecho que no sucede a la inversa.

Su historia, ya dese el siglo XIX, si no antes, nos va demostrando que estas personas presentan múltiples necesidades y peculiaridades, que no siempre son tenidas en cuenta dentro de los modelos normativos. Así ya en 1910, las personas Sordas se visibilizan y reivindican su espacio como tales, las personas con Diversidades Funcionales más motóricas piden un acceso a estudios superiores y una vivienda en 1972, al igual que el resto de la población, o actualmente las campañas desde entidades como PLENA INCLUSIÓN, que piden el poder votar por personas con discapacidad intelectual, independientemente de si tienen o no, un grado de dependencia (por no hablar del termino legar que es minusvalía) elevado.

La realidad de este colectivo aun sigue siendo invisibilizado en espacios públicos y de reivindicación social, aun siguen sin ser tenidos e cuenta, pese a la aparición de numerosas leyes que avalan la necesidad de adaptaciones, como pueden ser la ley LISMI (Ley 13/1982) o como se plantea en la LIONDAY (Ley 51/2003 ), y posteriores leyes que han llegado a hoy en día, donde no se ha conseguido aun, una adaptación integral de todos los espacios públicos y privados.

Para comprender la realidad de estas personas deberíamos comprender las diferentes visiones que se les ha dado a lo largo de la historia, entre las que destacarían tres modelos que aun siguen vigentes, en nuestra cabeza y en la realidad social, aunque la lucha de este colectivo a ido cambiando.

Modelo de prescindencia

Es un modelo centrado en la creencia de que si no cumplimos los cánones sociales establecidos, tanto física, cognitiva como sensorialmente, no podemos permaneces o ser personas de pleno derecho dentro del espacio publico y privado.

Un claro ejemplo de esto seria la construcción de espacios específicos, por lo general residenciales, que hacían que estas personas fueran ingresadas ya desde pequeñas, o incluso asesinadas, al resultar un vergüenza social, solo por el hecho de haber nacido con alguna diversidad de funcionamiento/discapacidad.

Este modelo, aunque los derechos humanos han defendido lo contrario, aun sigue en vigor en muchos países. La realidad es que es un pensamiento a deconstruir dentro de nuestra realidad diaria, en el momento que aun nos sentimos incómodos, incomadas, incomodxs, e incluso agradecidos, agradecidas y agradecidxs, que estas personas no aparezcan en el espacio publico.

Se ve muy vigente en los discursos y las conversaciones, donde si alguien presenta una dificultad para comprender no adaptamos el lenguaje, no desde un paternalismo, sino desde la construcción de espacios para todas las personas por igual. Al igual que no se esta visibilizando su lucha desde otros espacios, aunque sea la misma lucha que tenemos las demás personas, no se les invita, o si se les invita es con previo aviso, y cuando ellxs, ellas y ellos tenga la posibilidad de adaptarse el acceso a la información y el espacio.

Modelo médico

El modelo médico (bio-médico) es un modelo centrado en la curación (rehabilitador), ya no se les oculta, pero si se les tiene que trasformar a la norma, es decir que la realidad de estas personas, su forma de ver, vivir y sentir el mundo tiene que ser la establecida por la sociedad en la que viven.

Para esto necesitaremos construir espacios específicos, donde profesionales, normativos, realicen intervenciones medicas, educativas, psicológicas, fisioterapéuticas… hasta su rehabilitación total.

De este modelo nacen términos como integración, es decir las personas se tienen que adaptar a la realidad misma en la que viven los profesionales centrados en la rehabilitación.

Este modelo está bien frente a las personas que presentan diversidades funcionales temporales, o alguna problemática social que realmente puedan volver a la norma, que es su linea base, es decir dificultades que con el tiempo, mejor o peor, regresarán a su realidad. Por ejemplo, el romperse una pierna o un brazo y estar con inmobilización y posterior rehabilitación, puede recuperar su realidad casi íntegramente o lo más cerca a la normalidad.

Una persona con miopía, a la que ponen unas gafas y ya esta otra vez en la norma, o una persona con un grado de audición bajo, al que poner un aparado y vuelve a ser oyente completo o casi. Pero ¿que sucede con aquellas personas que, de manera innata o adquirida, presentan peculiaridades que un no somos capaces de “reabilitar” completamente, para ajustarse a una norma?. Personas como las personas sordas profundas o hipocusicas (aunque actualmente se pueden poner un implante coclear (aun por mejorar), muchas personas no quiere o no pueden acceder a el), personas ciegas, o que han ido perdiendo tanto el campo y/o la agudeza visual, personas con diagnósticos y síndromes asociados a la discapacidad intelectual o del desarrollo, personas con lesiones medulares o con daño cerebral adquiridas, o aquellas personas que tienen impreso en su realidad, pero no ha dado la cara hasta tiempo después, una diversidad que puede llevarles a una diversidad funcional motórica, cognitiva y/o sensorial, en su desarrollo vital.

La respuesta desde este modelo suele ser seguir tratando, seguir trabajando, seguir desarrollando programas que les ayuden a mejorar, pero que al final se convierten en modelos residenciales y asistenciales, no siempre inclusivos.

Modelo social de la discapacidad

Este modelo es, supuestamente, donde estamos ahora, es un modelo que parte de la premisa de que todas las personas somos personas de pleno derecho, independientemente de nuestras peculiaridades y diferencias de la “normal”.

Un modelo que defiende que todo es para todos, todas y todxs y que no hay una realidad completa y absoluta, sino muchas realidades que se entrecruzan y que cada una de ellas es, independientemente de que nos diga la sociedad, validad por si misma.

De este modelo surgen ideas como la de inclusión, que viene a defender que no es la personas la que se tiene que acercar a la norma, sino que la norma se tiene que ajustar a todas las realidades. Que las personas con diversidades funcionales tienen el mismo derecho a estar, participar y expresar en todos los espacios, a ser tenidxs, tenidos y tenidas en cuenta dentro de la misma vivencia social que el resto.

Un modelo que genera un nuevo prisma de la lucha social de estas personas, de lanzarse al mundo publico, de visibilizar la diversidad, de despatologizar, de quitar de la boca de las personas ese “pobrecitos”, de desmontar falsos mitos como el que no tienen una sexualidad o un deseo, o intereses por lo que pasa a su alrededor. Un intereses que es difícil demostrar ya que no todas las paradas de metro son accesibles, no todos los espacios tienen interpretes que les ayuden a manejar la información, no todos los lenguajes son claros y no cargados de eufemismos… lo que en muchas ocasiones termina llevando a una invisibilización, a tener pereza por seguir luchando, visibilizándose, a sopesar si el desgaste esfuerzo-beneficio, es realmente aceptable.

Hay que reconocer que estamos mejor de lo que estábamos, y que esto es importante remarcarlo. Y es así gracias al esfuerzo que han hecho muchas personas con diversidades funcionales, sus familias y los profesionales que trabajan con y para ellxs, ellas y ellos.

Pero la realidad de las personas con diversidad funcional es una realidad que aun resulta desconocida, pese a que puede ser una realidad que atraviesa a todas las realidades, ya que estas personas también son mujeres, hombre y personas no binarias, son trans y cis, con orientaciones del deseo diversas, de diversas culturas y razas, en diferentes situaciones económicas y sociales…

Pero lo que es mas importante, su experiencia y sus voces son tan interesantes como las de esxs, esas y esos grandes oradores que están hablando en la actualidad, obviando, en muchas ocasiones, a estas personas, ya sea adaptando su lenguaje para todxs, todas y todos, como apoyando y visibilizando, dando espacio a sus voces, invitando y adaptando la realidad para que estas personas puedan decidir acudir a estos espacios…

Carlos Lombao Pardo

Jueves 8 de Octubre 2020
Jueves en Orbita
DIVERSIDADES FUNCIONALES
A las 21h
Presencial en La Marimala de Lavapiés, con inscripción previa a través del mail: orbitadiversa@gmail.com para garantizar la seguridad en pequeños grupos;
Online, conectándose a través de #BarJitsi, en la sala de Jueves En Orbita.

La actividad se enmarca dentro del proyecto Creando Confluencias para el Fomento del Asociacionismo distrito Centro Madrid y ha sido propuesta por Carlos Lombao Pardo.

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